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Aceite Bendito del Oratorio de San José (Hmno. André – Montreal)

Aceite Bendito del Oratorio de San José (Hmno. André – Montreal)

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$4.00

FRUTO: Sacramental.

Nota: Aceite bendito. El costo que se pide es de recuperación, no hay ganancia.

EL ACEITE DE SAN JOSÉ

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Extraído del libro «San Andres Basette: El más Grande Devoto de San José»

EL ACEITE DE SAN JOSÉ

El aceite para curar lo usaban los apóstoles. Dice el Evangelio: Echaban demonios y, ungiendo con aceite muchos enfermos, los curaban (Mc 6, 13). El apóstol Santiago dice en su carta: ¿Está enfermo alguno de vosotros? Haga llamar a los sacerdotes de la Iglesia y oren sobre él, ungiéndolo con aceite en el nombre del Señor y la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor lo hará levantarse y los pecados que hubiere cometido le serán perdonados (Sant 5, 14- 15). El fundador de los religiosos de la santa Cruz, padre Emilio Moreau, tenía un amigo laico, León Dupont, llamado el santo de Tours (Francia), cuya causa de beatificación está introducida, que aconsejaba tomar aceite de la lámpara que brillaba delante de una imagen de la santa Faz; y con él frotaba a los enfermos y muchos se curaban. Un día una postulante a religiosa de la Santa Cruz se enfermó gravemente y se temió por su vida, pues estaba ya inconsciente. El padre Kilroy, de la comunidad de la Santa Cruz, dio a las hermanas aceite que había recibido de señor León Dupont, le frotaron a la enferma la espalda y, ante la sorpresa de todos, abrió los ojos y comenzó a hablar. Esta curación completa sucedió en 1851 y el hermano Andrés debió conocerla. Un obispo le dijo un día: A unos enfermos les dice: “Ya están curados” y así es. A otros les aconseja orar a san José y hacer novenas; a otros frotarse con la medalla o con el aceite de san José y a otros les dice: “Voy a rezar por usted”. ¿Por qué esa diferencia? Respondió: “A veces es muy fácil de ver”. ¿Eran simples inspiraciones o su ángel o san José le decía las cosas? Cuando él frotaba algún enfermo no usaba medalla, lo hacía con su mano sobre la ropa y decía que producía el mismo efecto. Él frotaba fuerte y, en ocasiones media hora o una hora, incluso durante varios días 36 . Él nunca frotaba con el aceite para no tocar directamente el cuerpo del enfermo. Frotaba con la medalla o sin la medalla sobre la ropa en las partes honestas del cuerpo. SIGUE CURANDO Arturo Ganz informa: El señor Henri Dagenais, empresario, sufría de un reumatismo inflamatorio. Yo le aconsejé visitar al hermano Andrés. El hermano le frotó y le dejó la medalla y el aceite de san José para que continuara frotándose. El señor Dagenais no tenía mucha confianza, pero lo hizo; y después de una semana de frotaciones se sintió curado definitivamente. Este señor le ofreció al hermano un billete de diez o veinte dólares. El hermano le dijo: “Suelta otro”. Le iba a dar otro, cuando el hermano le dijo: “No te preocupes, es una broma”. Pero el señor Dagenais respondió: “Le voy a dar voluntariamente 500 dólares por haberme curado”. El mismo señor sugirió a su hijo y a su suegra enfermos que fueran a ver al hermano Andrés y también fueron curados 37 .

Un día, en el colegio, curó a un alumno en la enfermería. Le había frotado y le había hecho desaparecer la fiebre. El alumno se fue a la clase. Cuando el médico fue a ver al enfermo y supo que estaba en clase, se disgustó. Después habló mal del hermano Andrés y lo trataba de un viejo sobador y charlatán, que engañaba a la gente. Otro día vino un hombre a decirle que su esposa estaba mal de salud y él estaba muy preocupado. El hermano le respondió: Pero su esposa no está enferma, ella está en pie y, cuando vaya, le abrirá la puerta. Cuando él llegó a su casa, encontró a su esposa curada. Esta curación y la del niño curado en la enfermería del colegio, le dio fama y empezaron a visitarlo otros muchos enfermos. El padre Coderre refiere: Algunos religiosos de la comunidad, en particular el hermano Henri, se burlaban de él. Este hermano Henri se quejó al doctor Charette, que era el médico del colegio, e hicieron sufrir mucho al hermano Andrés con sus desprecios 38 . Felipe Perrier, vicario general de la diócesis de Montreal, declaró: Algunos médicos reprochaban al hermano Andrés de ejercer ilegalmente la medicina. Sus quejas llegaron hasta el arzobispo, Monseñor Bruchesi, quien nombró una comisión, compuesta de tres sacerdotes, entre los que me encontraba yo. Los tres fuimos al colegio de Côte-des-Neiges, donde él era portero. Lo interrogamos durante algunas sesiones para saber si el culto que el hermano daba a san José era supersticioso y, si se oponía a los medios naturales de curación que usaban los médicos o si solamente se contentaba con pedir a Dios por intercesión de san José la curación de los pacientes. La comisión envió el reporte al arzobispo sin pronunciarse sobre la veracidad o autenticidad de los milagros que se decían suceder. La comisión declaró que la devoción a san José tal como se practicaba en el Oratorio era sencilla y enteramente conforme con la dignidad de la Iglesia. Este informe está guardado en los archivos del arzobispado de Montreal 39 . Adelardo Fabre añade: Un día fue al Oratorio el arzobispo de Montreal Mons. Bruchesi. Había recibido malos informes sobre que el hermano Andrés frotaba mujeres, etc. Ese día el arzobispo se sintió entumecido y le pidió al hermano Andrés de frotarle y, como se sintió bien, le dijo: “Continúa frotando a los enfermos como antes” 40 .

Y siguió con su tarea, pero algunos presentaron sus quejas ante la Oficina de Higiene de la ciudad. De la Oficina delegaron a un doctor para hacer una investigación, quien le preguntó al hermano Andrés, si curaba y cómo curaba. Él le dio una medalla de san José y una botellita de aceite del mismo, diciéndole: “Vea lo que doy. También a usted le puede ser útil”. El delegado le dijo: “Usted no tiene nada de qué preocuparse. No veo nada malo en ello” 41 .

Con el tiempo era tanta la demanda de aceite que tuvieron que venderlo en botellitas en la tienda del Oratorio.

Peso 0.00462971 libras
Dimensiones 3.5 × 8.6 cm

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